Proceso inquisitorial de Gaspar Vaez Sevilla

Autores/as

Silvia Hamui Sutton
(coordinadora de proyecto)
Silvia Hamui Sutton
(autora)
Diego Martínez Serrano
(coordinación de paleografía)

Palabras clave:

Comerciante, Observante de la Ley de Moisés, Encubridor de herejes, Apóstata, Fautor, Apostasía, Líder comunitario, Endogamia

Sinopsis

Gaspar Vaez Sevilla nació en 1624, era hijo del capitán Simón Vaez Sevilla, un preponderante comerciante novohispano, y Juana Enríquez, una destacada dogmatista nacida en Sevilla. Gaspar tenía una hermana que murió “doncella” a los doce años de edad y fue enterrada en el convento del Carmen, y otra niña de cuatro años llamada Ana, que quedó resguardada en casa de sus padres cuando los apresaron por el Santo Oficio. Su educación religiosa estuvo a cargo de su abuela Blanca Enríquez, que le había enseñado la Ley de Moisés y había realizado con ella los ayunos correspondientes al “Día Grande”, los de la reina Esther y algunos destinados a las almas de los muertos. Así, desde temprana edad (14 años) fue introducido a las prácticas mosaicas. En su adolescencia, Gaspar aprovechaba el prestigio comunitario de sus padres para mostrarse en público con superioridad: vistiendo una capa como símbolo de autoridad, imitaba a los mayores para ser reverenciado. Decía, además, que venía de un linaje privilegiado, pues sus antecesores descendían de la tribu de los Levitas, por lo que, no obstante era menor de edad, lo tenían que venerar y servir. Tanto sus padres, como gran parte de la colectividad criptojudía, lo consideraba carismático y respetable, incluso su abuela que, en el momento de su muerte, lo nombró como albacea de sus bienes, sin importar su juventud. 


Gaspar seguía con fervor los rituales transmitidos por su madre y su abuela y, al mismo tiempo, se formaba en los negocios de su padre. Por un lado, conocía de memoria las oraciones de la ley mosaica, los rituales mortuorios y las prácticas alimentarias prescritas. Varios fueron los testimonios que lo señalaban como el Mesías prometido, pues declaraban cómo desde niño lo educaban para desempeñar dicho rol. Incluso, cuando su madre estaba preñada, realizó durante nueve días, oraciones a un “santo” Moisés para el buen cumplimiento de su alumbramiento. El mismo Gaspar, al crecer, decía que su abuela difunta se le aparecía para hacerle encargos y proteger a la colectividad.


Por otro lado, estaba familiarizado con las actividades comerciales de su padre, tanto en el ámbito interno —en ciudades como Guadalajara y Zacatecas— como en el externo, que incluía redes de intercambio con personas de confianza y con otros judaizantes de ultramar, en lugares como España y Perú, así como en regiones como Guadiana y Cuencamé. Su padre, Simón Vaez, depositaba en él grandes expectativas laborales y comunitarias. Así, Gaspar fue testigo de cuando eliminaron evidencias de sus negocios al enterarse de que los iban a aprehender: ocultar bienes, cobrar deudas pendientes y resguardar parte de su patrimonio con un portugués de confianza residente en Zacatecas. Además, comprendía el manejo de los libros de cuentas y participó en la quema de documentos importantes con el fin de evitar que cayeran en manos de los inquisidores. 


Para el Santo Oficio había dos intereses marcados respecto a la familia Vaez Sevilla: la posición económica, de la cual se beneficiaban mediante la confiscación de sus bienes; y la cuestión de la herejía. A partir, principalmente, de los testimonios de los correligionarios en la cárcel, salieron a la luz sus nombres en los tribunales. Así, el joven Gaspar fue encarcelado el 13 de julio de 1642 a la edad de 17 años un domingo por la mañana. Permaneció varios años en la cárcel durante la llamada “gran complicidad” en la que el miedo de los reos y la ambición de los inquisidores motivaron un encadenamiento de delaciones que devino en el desmembramiento de la colectividad conversa. 


De esta manera, el mesianismo y sincretismo de los criptojudíos en la Nueva España del siglo XVII constituyeron expresiones complejas de adaptación y resistencia cultural. Desde la perspectiva histórica, el mesianismo fue una forma de resistencia simbólica; desde la sagrada, la esperanza en la redención futura que permitía a los judaizantes reinterpretar su sufrimiento y mantener su identidad frente a la persecución.

 

Créditos

Diego Martínez Serrano, coordinación de paleografía.
Roberto Salazar García, transcripción paleográfica.

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Publicado

marzo 27, 2026

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Detalles sobre el formato de publicación disponible: Impreso disponible para préstamo en la biblioteca del CDIJUM

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ISBN-13 (15)

978-607-8400-36-2

Dimensiones físicas

16.5cm x 21.5cm

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ISBN-13 (15)

978-607-8400-37-9

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ISBN-13 (15)

978-607-8400-37-9

Cómo citar

Hamui Sutton, S., & Martínez Serrano, D. (2026). Proceso inquisitorial de Gaspar Vaez Sevilla: Vol. vol. 13 (S. . Hamui Sutton, Ed.). Las letras entre las palabras. https://acervosilviahamui.cdijum.mx/index.php/las-letras-entre-las-palabras/catalog/book/VOL13_GASPAR-VAEZ